CONSTITUCIÓN DE 1949 - ES OBRA DEL PERONISMO
( INP Pone en realce los conceptos del Compañero JULIO ALAK en el 60 aniversario de la promulgación de la norma fundamental en el desarrollo Peronista de los Derechos del Pueblo)
"Al cumplirse sesenta años de su promulgación, la Constitución de 1949 mereció no sólo ser recordada por haber incorporado
los derechos económicos, sociales y culturales al ordenamiento
jurídico argentino, sino como parte esencial de las transformaciones de su época, que marcaron con características indelebles la vida de nuestro país.
Es bueno recordar las circunstancias históricas en las que se
produjeron el llamado a la Asamblea Constituyente, el debate sobre el nuevo texto y, finalmente, la aprobación del mismo para que se convirtiera en el programa de vida en común de los argentinos.
Para 1949, el gobierno presidido por el General Juan Domingo
Perón llevaba tres años en el poder, tres años por cierto pletóricos
de transformaciones. Baste señalar el dictado de leyes sociales de
enorme trascendencia, como la del Estatuto del Peón de Campo,
el Aguinaldo, el Estatuto del Periodista y, en el orden político, la
relativa a los derechos electorales de la mujer.
Al mismo tiempo que se producían estos cambios esenciales
en la legislación, el rumbo impreso al proceso por la personali dad del General Perón con el aporte inestimable de Eva Perón,
transformada en la correa de transmisión entre los anhelos populares y el gobierno, marcaba una clara diferencia con los años
anteriores, aquéllos que José Luis Torres bautizara con acierto
como la década infame. La incorporación de los trabajadores al
escenario político y social, la reivindicación de sus derechos largamente postergados, la defensa del poder autónomo de decisión del país en medio del comienzo de la Guerra Fría que enfrentaría por décadas a las potencias dominantes, fueron señales precisas de un nuevo tiempo.
También a nivel internacional se vivían años de cambios. El fin
de la Segunda Guerra Mundial había dejado al desnudo las terribles violaciones a la dignidad humana cometidas por el nazifascismo y, como reacción ante las mismas, la comunidad internacional había dispuesto, en 1945, la creación de las Naciones Unidas, cuya carta fundamental, obra del lusfilósofo austríaco Hans Kelsen, había establecido como objetivo prioritario de la Organización el de preservar la paz internacional. Desde allí se impulsó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, inspirada por el pensador vasco francés René Cassin y aprobada por proclamación de la Asamblea General el 10 de diciembre de 1948.
En el orden regional, en marzo de 1948, en Bogotá, Colombia,
se daba nacimiento a la Organización de Estados Americanos y se
promulgaba la Declaración Americana de los Derechos y Deberes
del Hombre.
Ese reconocimiento de principios fundamentales que venía
haciendo la comunidad internacional se vería plasmado, con toda
su fuerza, en el texto inspirado por el ilustre jurista Arturo Sampay. La consagración de los derechos del trabajador, de la familia,
de la ancianidad y de la educación y la cultura pusieron a la Constitución de 1949 a la cabeza de las cartas magnas que incorporaban en su múltiple dimensión a los derechos humanos.
Del mismo modo, se dio fuerza constitucional a la función
social de la propiedad, el capital y la actividad económica, estableciéndose la protección de los recursos naturales y la propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación sobre los mismos.
Y no puede tampoco soslayarse que ya en el Preámbulo se ratificaba la irrevocable decisión de constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
En ese conjunto de principios, profundamente humanistas, de
avanzada para su época, que se correspondían con la acción del
gobierno, radica primordialmente la fuerza y la vigencia que aún
hoy posee la Constitución de 1949. Cuántos sufrimientos podríamos habernos ahorrado si la misma hubiese sido respetada en su plenitud. Tuvieron que pasar cuarenta y cinco años para que una nueva reforma recuperara los principios esenciales de aquella al dotar de jerarquía constitucional a los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos.
La gestión que iniciara el 25 de mayo de 2003 el doctor Néstor
Kirchner, que tiene su continuidad en la presidencia de la doctora Cristina Fernández de Kirchner, ha recogido y actualizado
aquellos principios, haciéndose cargo de los mismos y llevando
adelante una política pública que recupera los fundamentos éticos
del Estado, poniendo al ser humano, su progreso en todas las áreas
de la vida en sociedad y sus derechos fundamentales, como centro
y motor de su acción de gobierno.
Hoy, cuando las trágicas experiencias del pasado nos han
hecho revalorar la democracia como sistema de vida común, y la
sociedad se ha convencido de la necesidad de defender a ultranza
los derechos humanos, reconocidos como el ADN que nos identifica como nación, es un acto de estricta justicia rendir homenaje a la Constitución que hace sesenta años los estableció como el plan de acción de los argentinos, al jurista que la inspiró, y a todos los que la promovieron e impulsaron".
Dr. Julio Alak
Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos
-Año de la Patria 2009-
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