Nos duele tu tiempo herido de muerte... tu mejilla ausente... tu desespero ahogado... Nos lleva al fuego tremendo y brutal que consume el aire y quema todos los amores posibles... Nos dueles, Hermana, en el ojo inútil que no te vió y en la mano que no pudo sacarte de ese destino equivocado... Tu muerte no tiene reparos... No hay nombre que nombre esto que a Todes nos envenena y asesina... Eliana, Siempre... Eliana, Hermana que ya no huye y se queda en el Corazón demudado, en el vértigo del último respiro... Por: Lucio Pedro Aberastain Ponte